22 septiembre 2021

Las terrazas de Madrid: un USO ABUSIVO del espacio público



La vía pública (calles, plazas, reservas de aparcamiento…) tienen carácter de sistema general y forman parte de la estructura general y orgánica de la ciudad; y su función primordial es dar acceso a los usos situados en sus márgenes (viviendas, comercios, servicios públicos, etc.).

Así es como se definen legalmente nuestras calles y nuestras plazas… muy lejos de lo que hace el Ayuntamiento de Madrid con ellas desde julio del año 2013, cuando fue aprobaba la actual ordenanza de Terrazas que regula el desarrollo de esta actividad en nuestra ciudad; y que por la enésima derivada de Begoña Villacis (C’s), ni siquiera se cumple.

Hasta el año 2006 era obligatorio realizar una evaluación ambiental previa a la instalación de una terraza en la vía púbica, por razones obvias, debido al impacto - acústico principalmente – que esta actividad genera.

Por lo tanto, durante los últimos 15 años hemos vivido un claro retroceso en derechos ambientales en nuestra ciudad. Hemos pasado de tener que evaluar el impacto ambiental de las terrazas, a que puedan instalarse de manera masiva e invasiva, sin considerar su efecto sobre la población residente y sin considerar las múltiples externalidades que se generan.

Nos encontramos así con que el ayuntamiento autoriza la ocupación del espacio público a negocios privados de hostelería para la instalación de terrazas anexas cuando sólo tienen licencia urbanística para desarrollar su actividad dentro de sus locales; locales que deben cumplir determinadas exigencias de acondicionamiento interior a fin de asegurar que no se produzcan molestias de todo tipo. ¡Paradójico!

Recordemos en cualquier caso – para quien lo olvida - que se trata de una autorización pública que no genera derechos urbanísticos, y cuya autorización es absolutamente discrecional. Es el concejal de cada distrito quien decide concederla o no concederla.

En cuanto a su impacto económico, más allá de los mantras y retóricas tramposas de los políticos, es obvio que genera empleos (como los generan la prostitución o el tráfico de drogas y armas…) pero no nos cuentan cuántos ni de qué tipo (¿puestos de 25.000€ bruto/año o puestos de media jornada en A, media en B por 13.3000€ bruto/año?). Sorprende además que, en este caso, los políticos nunca hablen de coste/beneficio, el análisis económico más extendido en la gestión de la administración, sino sólo de unos supuestos “beneficios”, que no detallan, ocultando los costes que supone alcanzarlos… con lo que siempre nos encontramos que “nos cuesta la torta un pan”’.


LO QUE NO TE CUENTAN LOS POLÍTICOS DE LAS TERRAZAS


Suponen una ALTERACIÓN DE LA LIBRE COMPETENCIA

1. Alteran la libre competencia entre las actividades hosteleras a las que el ayuntamiento autoriza el uso intensivo y continuado del espacio público para el desarrollo de su actividad comercial; y el resto de las actividades económicas que no tienen autorizado el acceso a éste, y cuya actividad mercantil se desarrolla en establecimientos físicos.

2. Las actividades de hostelería consiguen de esta manera unos ingresos y plusvalías por la rentabilización del espacio público a precios totalmente fuera de mercado. Es obvio que el precio del m2/año de la tasa municipal de terrazas (entre 11 y 74€, o CERO € desde junio de 2020) está muy muy alejado del precio m2/año de un local comercial en el mercado libre.

3. Implican una competencia desleal entre aquellas actividades hosteleras que tienen acceso a contar con terraza y las que no tienen acceso. 

4. Son un elemento fundamental de alteración y distorsión de los precios en el libre mercado del alquiler y venta de locales, en función de las características del entorno físico en el que éstos se sitúan y según la viabilidad o no de que el entorno de un local pudiera ser susceptible de ser ocupado o no con una terraza.


Suponen una ALTERACIÓN DE LOS USOS URBANÍSTICOS

Las terrazas suponen un elemento distorsionador de los usos urbanísticos en la ciudad, al introducir una enorme carga de especulativa por el espacio público en la ciudad, generando una alteración sobre la planificación urbanística y sobre el resto de los usos y actividades a desarrollar en el espacio público.


Suponen una ALTERACIÓN DE LA CALIDAD AMBIENTAL

Puesto que en los entornos en los que estas actividades se desarrollan se produce un seguro e inevitable aumento del ruido ambiente; toda vez que es imposible habilitar medidas correctoras que aseguren los niveles acústicos permitidos. Y cuyo efecto sobre la población varía según la sensibilidad acústica de las zonas donde se desarrollan: cercanía a residencias del vecindario, concentración de mesas y sillas, características del espacio urbano donde se ubican etc.


Suponen una ALTERACIÓN DE LA ACCESIBILIDAD Y LA MOVILIDAD DE LOS PEATONES

Una clara alteración de la movilidad de los peatones, especialmente grave en el caso de personas con movilidad reducida o mayores dificultadas para desplazarse (carros infantiles, carros de compra…). Pese a que a priori las terrazas han de cumplir un régimen de distancias “óptimo” y que permita los itinerarios rectos, en la práctica los elementos de las terrazas invaden de manera masiva y descontrolada el espacio público convirtiendo la movilidad peatonal en una auténtica carrera de obstáculos.

 

Suponen una ALTERACIÓN DEL ESTADO DE LIMPIEZA

A pesar de que la actual ordenanza obliga a los titulares de las instalaciones a mantener limpio el entorno y limpiar al recoger la suciedad de manera continua, en la práctica no se cumple y los entornos de las terrazas suelen ser zonas que acumulan gran suciedad en el suelo. 


Suponen una ALTERACIÓN DEL PAISAJE URBANO

Con todo tipo de instalaciones que interrumpen el continuo urbano. Cuando están en funcionamiento se convierten en auténticos “asentamientos” en la vía pública (más allá del diseño que sus propietarios le quieran dar) sin ninguna uniformidad ni integración paisajística. Y, cuando están recogidas, amontonadas en medio de la calle, conforman un horrible paisaje industrial. Muy especialmente en paisajes urbanos de mayor valor histórico, patrimonial, ambiental y con una mayor sensibilidad.


Suponen un DAÑO AL PATRIMONIO DE LOS RESIDENTES

Las zonas saturadas por actividades ruidosas introducen un componente muy importante en la depreciación del valor real de las viviendas de los residentes, estimado según los estudios econométricos entre el 15%-50% del valor de venta de las viviendas. El ruido es una de las variables que intervienen en el cálculo del IPV, Índice de Precios de la Vivienda, como un elemento explicativo más del modelo de regresión utilizado para el cálculo de este indicador armonizado para los países del entorno UE.

 

Suponen una ALTERACIÓN DE LA EDIFICABILIDAD

Existen dudas más que razonables sobre la legalidad de muchas de las terrazas autorizadas. En concreto en el caso de las instalaciones cubiertas y cerradas, que cuentan con todo tipo de servicios y que suponen de facto un consumo de edificabilidad sobre el sistema general viario. El suelo sobre el que se desarrollan estás auténticas construcciones ancladas, carece de edificabilidad lucrativa, y por lo tanto el lucro urbanístico de estas actividades privadas está fuera del ‘interés público’ e interés general que caracteriza este tipo de suelo.

Además, en el caso de estas instalaciones con cerramientos integrales, se incumple la legislación contra el tabaco, pese a ser ésta la excusa que se utiliza en la introducción de la actual ordenanza para justificar su autorización. Estas instalaciones cerradas se ofertan como espacios para fumadores, y de facto se fuma en ellas.


Suponen una ALTERACIÓN DEL ESPACIO PARA USO PÚBLICO DISPONIBLE

La ocupación desmedida del suelo de uso público por las terrazas supone un consumo de suelo de uso público que impacta sobre la disponibilidad de un recurso escaso, muy especialmente en el caso del Distrito Centro. El suelo de uso público es ocupado por parte de actividades privadas lucrativas que no atienden al interés general propio del espacio público, como podrían ser la movilidad peatonal, el de usos para recreo y esparcimiento infantil, espacios para el descanso de las personas, zonas verdes para embellecer el paisaje urbano, entre otras.


Y por último, y quizás lo más importante, el actual sistema de concesión de autorizaciones para terrazas por parte del ayuntamiento de Madrid no tiene en cuenta para NADA, en la toma de decisiones sobre la autorización, a los residentes que viven en el entorno de las mismas y que son los principales afectados por las mismas, en cuestiones tan importantes como su SALUD, su DESCANSO y su PATRIMONIO.